“Las gordas no se enamoran, se antojan” fue lo último que el santero Domingo y su compadre Pepelucho escucharon decir en el bar “La Corajuda”, antes que el oscuro “Sapo Estívaris” los hiciera llamar para encargarles la fabricación de una virgen de tamaño natural y pedirles su traslado hasta San Mateo, un pueblo escondido en el corazón de los Yungas paceños, iniciando así un viaje a través de sus sentimientos. Joaquín, un apostador que permanentemente desafía al destino escucha la conversación y se brinda a llevarlos en “La Ramona”, una vieja camioneta prestada que él hace pasar por suya. Una vez elaborada la virgen, los tres inician el viaje en “La Ramona” descendiendo desde la ciudad -a 4.700 metros de altura- hasta llegar a zonas tropicales donde la presencia de la naturaleza y sus posiciones ante la vida determinan una tensa pero equilibrada relación entre ellos.

La fe de uno en Dios y la fe del otro en el juego y el azar, acaban cruzándose en un desenlace imprevisible donde se pierde la noción de realidad.

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